Llevo unas tres semanas haciendo limpieza profunda en mi casa. Por limpieza profunda me refiero a que he estado sacando ropa, libros, cuadernos, papeles, todo. Lo separo entre lo que quiero conservar, lo que quiero regalar y lo que definitivamente necesito tirar. Desde que tengo memoria me he dedicado a guardar libretitas, recortitos, tarugaditas. Solía guardar todo, desde las tarjetas de navidad de cuando estaba en la primaria, hasta los boletos de cine de cuando salí con alguien que me importaba mucho (esto no aplica sólo con las parejas o seudoparejas, también pueden ser amigos o familia). Pero por alguna extraña razón, estos días me he dedicado a sacar todo lo que no me sirve. He regalado las libretitas, los vestidos, los zapatos, los colores y también muchos recuerdos. He tirado las tarjetitas, los boletos y muchas fotos. Si el paso de los meses y años me ha enseñado algo, es que no importa cuánto me aferre a guardar algo, las cosas no serán como eran, y a final de cuentas, recordaré más las situaciones y las personas sin tenerlas representadas por medio de objetos materiales. En fin, después de esta cursi e innecesaria introducción, voy al tema.
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Entre las cartas, tarjetas, peluches, fotos y dibujos que encontré, me dí cuenta de cuánta gente ha pasado por mi vida y me ha tocado profundamente. Muchos de ellos en algún momento me llegaron a llamar "el amor de mi vida", y a otros tantos les llegué a llamar así. Y todos de alguna manera fueron quitándome costumbres (o quitándome lo estúpida), y me fueron haciendo arisca. No encuentro otra palabra para definirlo.
Está "el amor de mi vida" de la secundaria. Me regaló cuantos peluches le pasaban por enfrente. Me escribía muchas cartas, demasiadas (llegué a recibir 3 en un día). Me saturaba de cosas y yo no podía seguirle el ritmo. Pero no dejó de ser algo intenso. Creo que en la secundaria el amor de tu vida es aquel que busca seguir lo que las películas y las telenovelas nos han dicho. Es tan capitalista, porque hay regalos por cualquier razón: por cumplir semanas, meses, porque se extrañaban, porque se enojaron, porque sé que te gustan, por nomás. En ese tiempo los besos eran algo tan prohíbido, misterioso y tan deseado. Las amigas platicábamos de los besos, de cuándo, dónde, con quién y cómo fue el primero, y el segundo, y el tercero. No hay últimos besos. El amor es eterno, todos lo aseguran, basándose en que es el primero.
Por otro lado, "el amor de mi vida" de la prepa buscaba ser todo lo bohemio que se pudiera. Escuchaba música rara, me dedicaba dibujos y poemas. Yo se los creía toditos, ni Sabines, ni Benedetti ni nadie podía escribir como él. Y sus dibujos, tan llenos de significados para mí. Él no necesitaba explicármelos, yo se los adivinaba.
Y finalmente, "el amor de mi vida" que se convirtió en eso sólo por el hecho de ser imposible y efímero. Sin flores, ni tarjetas ni nada. Simplemente el aprendizaje de cosas nuevas y el vivir nuevas experiencias. No buenas ni malas, simplemente nuevas. El hecho de que sea un episodio tan breve y tan difícil es lo que lo hace sentir como si fuera el que nos han enseñado los libros y películas. Como si lo ideal fuera que te quisieran tan poquito y con tantos problemas.
Al llenar bolsas y bolsas de basura, fui encontrando, en el proceso, peluches que ya no me importaban, dibujos que eran más feos que nada, poemas malhechos que rimaban mal y fotografías que traían más dolores de estómago que de corazón. En eso consisten los amores de la vida, en piezas malhechas de un rompecabezas que nunca sabremos cómo se verá una vez terminado. Y quién sabe, a lo mejor el verdadero amor de la vida es ese que te dice: me gusta verte cuando duermes, ¿quieres otra cerveza?, ví algo que creo que te va a gustar, eres muy enojona, no te entiendo, ya quiero verte.
Está "el amor de mi vida" de la secundaria. Me regaló cuantos peluches le pasaban por enfrente. Me escribía muchas cartas, demasiadas (llegué a recibir 3 en un día). Me saturaba de cosas y yo no podía seguirle el ritmo. Pero no dejó de ser algo intenso. Creo que en la secundaria el amor de tu vida es aquel que busca seguir lo que las películas y las telenovelas nos han dicho. Es tan capitalista, porque hay regalos por cualquier razón: por cumplir semanas, meses, porque se extrañaban, porque se enojaron, porque sé que te gustan, por nomás. En ese tiempo los besos eran algo tan prohíbido, misterioso y tan deseado. Las amigas platicábamos de los besos, de cuándo, dónde, con quién y cómo fue el primero, y el segundo, y el tercero. No hay últimos besos. El amor es eterno, todos lo aseguran, basándose en que es el primero.
Por otro lado, "el amor de mi vida" de la prepa buscaba ser todo lo bohemio que se pudiera. Escuchaba música rara, me dedicaba dibujos y poemas. Yo se los creía toditos, ni Sabines, ni Benedetti ni nadie podía escribir como él. Y sus dibujos, tan llenos de significados para mí. Él no necesitaba explicármelos, yo se los adivinaba.
Y finalmente, "el amor de mi vida" que se convirtió en eso sólo por el hecho de ser imposible y efímero. Sin flores, ni tarjetas ni nada. Simplemente el aprendizaje de cosas nuevas y el vivir nuevas experiencias. No buenas ni malas, simplemente nuevas. El hecho de que sea un episodio tan breve y tan difícil es lo que lo hace sentir como si fuera el que nos han enseñado los libros y películas. Como si lo ideal fuera que te quisieran tan poquito y con tantos problemas.
Al llenar bolsas y bolsas de basura, fui encontrando, en el proceso, peluches que ya no me importaban, dibujos que eran más feos que nada, poemas malhechos que rimaban mal y fotografías que traían más dolores de estómago que de corazón. En eso consisten los amores de la vida, en piezas malhechas de un rompecabezas que nunca sabremos cómo se verá una vez terminado. Y quién sabe, a lo mejor el verdadero amor de la vida es ese que te dice: me gusta verte cuando duermes, ¿quieres otra cerveza?, ví algo que creo que te va a gustar, eres muy enojona, no te entiendo, ya quiero verte.


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