Hace unos años, en el día de Reyes, a mi sobrina le dio por preguntarle a todo mundo si los Reyes Magos les habían llevado algo de regalo. Después de un rato regresó y le preguntamos por una de mis tías, si había recibido algo, a lo que mi sobrina contestó: No, es que ella dice muchas malas groserías.
Me imagino que las malas groserías deben ser peores que las groserías y muchísimo peores que las malas palabras. Y estoy segura de que mi tía sí dice malas groserías, es bastante malhablada. Pero en el caso de mi familia, eso es regla y no excepción.
Me gusta la gente que es malhablada de manera adecuada. Es que hay modos, momentos, chistes y formas para decir las groserías. Como el profe que avienta madres y chingados para hablar mal del gobierno durante la clase, o la tía que se queja del carnicero asqueroso de la esquina de su casa, también el vecino que cuenta chistes, que sin ser pelados, tiene atacados de risa a todos los de la cuadra siempre que hay una posada o convivio.
También habemos los que repartimos madres y chingados a lo tonto, no nos queda y lo sabemos. Lo hacemos de forma imprudente, sin pensar, y después de haber abierto la boca nos damos cuenta de que estamos mal. Es como los niños chiquitos que entre sus primeras 10 palabras se encuentran "puto" y "pendejo", junto con "mamá", "coca-cola", "trapo", "papá", "bibi", "dame", "mío" y "no" . Se escucha vulgar.
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| Il ne faut pas dire les gros mots |
Hay quienes dicen que los hombres pueden usarlas, pero las mujeres no. Las "señoritas" no dicen groserías. Está dentro del listado de lo que las "señoritas no deben", y no sólo está en el listado, se encuentra entre las primeras 3 cosas que no deben hacer (seguramente junto a fumar y perder la virginidad). Entre los niños, decir groserías, es un símbolo de que van creciendo. En los adolescentes es parte de ser rebeldes, entre los adultos es el pan de cada día. Mentadas de madre al que se nos metió cuando íbamos manejando, un "chingado" cuando algo nos sale mal, un "chinga tu madre" cuando alguien nos hace enojar, un "pendejo cuando alguien más se equivoca (o nosotros mismos somos los que nos equivocamos), un "puto" cuando ven a algún gay en la calle.
Y aún así, por mucho que se escuche, por muy común que sea, sin importar que lo digan en coro en los estadios, no dejan de ser malas groserías. Decirlas es catártico, y habemos quienes las decimos en otros idiomas: "shit", "merde", "stronzo". De hecho, las primeras palabras que se aprenden en otro idioma, suelen ser groserías.
Aún así, no había tenido problemas por ello antes. Sin embargo, es necesario hacer cambios. He decidido dejar de decir las malas groserías que, si mal no recuerdo, desde segundo año de primaria han formado parte de mi vocabulario. ¿Las razones? Son muy mías, pero algo sí les digo, quizá así empezaré a parecer señorita.


1 comentarios:
Hola
Aunque pueda ser acusado de imparcial; la verdad es que escribes muy bien, la belleza de tus palabras se refleja de manera puntual en tus textos. Ahora mi opinión. Me parece que las malas palabras, sobre todo las malas groserías, sí son catárticas pero no porque sean groserías, sino por el hecho de ser prohibidas. La emoción que resulta, al hacer lo prohibido, nos provoca una emoción debido a la adrenalina que generamos de forma natural. Yo no digo malas groserías en público pero, supongo, que liberar el estrés mediante la pronunciación pública de las malas groserías es una terapia de la cual pocos tienen la suficiente confianza para realizarla.
Saludos
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