02 noviembre 2010

El ataque del librero

    Cuando tenía 3 años, y puedo contarlo porque soy de las privilegiadas que tienen memoria desde ese tiempo, jugaba con unas crayolas. Algo hice que a mis papás no les pareció bien y me regañaron, me quitaron las crayolas y las pusieron arriba de un librero que por alguna razón estaba en mi cuarto.
Salieron de mi cuarto y decidí que mi Everest sería el librero.


Mi Everest
  No tenía nada a la mano para subirme en, así que me agarré del librero, cual si fuera una montaña y yo estuviera escalándola. Ahí voy, un estante, otro, otro y otro más. Estiré mi mano derecha para agarrar las crayolas, estuve a punto de tocarlas cuando el librero se vino encima mío.

   Me puse a gritarle a mi mamá y mi papá, pero, al estar molestos conmigo, sólo respondían: "¡¿Qué quieres?!". A lo que yo contestaba: "¡Vengan!". Pero como estaban enojados, no iban, querían que yo bajara a con ellos.

No sé cuánto rato estuve así, sé que no fue mucho, pero mientras estaba abajo del librero me pareció eterno. Cuando finalmente llegaron mis papás, levantaron el librero, los libros y fueron acomodando todo. Me revisaron y vieron que todo estaba bien. Acto seguido, terminan de recoger las cosas y ponen las crayolas nuevamente en lo más alto. Recuerdo haberlas visto y pensado: ¿Lo intento de nuevo?
Pero no lo hice. Quién sabe qué hubiera pasado en el "Ataque del librero. Parte II".

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