La semana pasada tomé el camión, y en cuanto me agarré de un asiento y del tubo que está en la parte superior del camión para no caerme, empecé a escuchar a una señora contarle a otra:
-Yo todo le acomodaba, le tenía todo listo, su ropa siempre limpia, todo.
Ahí pensé: "De seguro le puso el cuerno". Y acerté:
-Pero me puso el cuerno. No, cuando me lo puso y cuando yo supe que metía las viejas a la casa y que hasta ahí en mi cama, ahí fue cuando dije: "A chingar a su madre".
Mientras tanto la otra señora asentía con la cabeza. La engañada prosiguió:
-N'ombre, y después de eso que supe que hasta con mi hermana también, ahí dije: "A chingar a su madre". Y ándale, que después de eso, cuando se enfermó, y mis hijos: "Ándele amá, véalo, perdónelo, cuídelo ahora que está enfermo" yo les contesté: "Pregúntenle, él tiene otro hijo". Pues ya que él les dijo que sí, que tenía otro en Tijuana. Ahí dije: "¿Hasta con otro hijo? A chingar a su madre".
La otra ñora quiso interrumpir pero la engañada siguió, y platicándolo para que todo el camión se enterara.
-No, si te digo. Pero yo desde hace tiempo, desde la última madriza que me puso, ahí fue cuando dije: "A chingar a su madre".
Pregúntome yo: ¿Cuántas veces tienes que decirlo para de verdad mandarlo a chingar a su madre?

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