Amelia tiene 34 años. Está casada y no puede tener hijos. Hace 6 meses se lo dijo su doctor. Así que se compró un perro, enorme. Amelia vive con su esposo Juan. Se casaron hace 2 años. Él es contador. Ella era químico farmacobióloga. Quería estudiar una maestría, pero Juan le dijo que no. "¿Para qué quieres seguir estudiando si nomás vas a estar en la casa?". Ella, tontamente, le hizo caso. Pero desde entonces se ha sentido frustrada en todo lo que hace.
Amelia se la pasa en cursitos de macramé, cerámica, tejido con listón y cuanta estupidez tenga al alcance de su mano. Juan se burla de ella y sus cursitos cuando sale a tomar cerveza con los amigos.
Debido a que Juan vive viajando, Amelia busca con quién salir. Un día encontró a Lalo, su ex-novio de la prepa. Lo encontró mientras ella iba de regreso a casa después de su curso de tejido con gancho. Él estaba leyendo el periódico en un café.
Lalo y Amelia fueron compañeros en la prepa y se volvieron locos el uno por el otro. Todo el día, todos los días juntos. No podían dejar de tomarse de las manos, y como toda pareja preparatoriana, se escondían donde podían para besarse interminablemente. Siguieron así por poco más de un año, con planes de casamiento y formar familia al terminar sus carreras universitarias. Un mal día Amelia y Lalo pelearon. Amelia se molestó tanto que le pidió a Lalo que no la volviera a buscar. Y muy estúpidamente, él obedeció. Salió con otras compañeras de la prepa, se emborrachó, se divirtió, sufrió. Amelia se encerraba en su cuarto a llorar. Lalo no la buscaba y ella ya no se atrevía a buscarlo. Tocaron a la puerta de la casa de Amelia, ella abrió, era Lalo. Amelia sintió su corazón latir muy de prisa, sus rodillas no podían sostenerla y una sensación fría le recorría todo el cuerpo. Antes de que pudiera decir nada, Lalo le soltó: "Embaracé a Paola". El aire se le fue a Amelia.
Dejaron de verse. Lalo tuvo que casarse y Amelia siguió con su vida. Cada quién por su lado. Hasta el encuentro del café. Charlaron, se intercambiaron números de teléfono y quedaron en volver a verse. Ahora, cada vez que Juan sale de viaje, Amelia acuerda una cita con Lalo. Ahora él es divorciado, padre de un adolescente. Le ha pedido a Amelia que vuelvan, que retomen sus planes de vida juntos, ahora que son más factibles. Ella no quiere. No tiene la fuerza para hacerlo. Nunca la tuvo. Siguen viéndose y de pronto sus manos se rozan cuando él toma la taza de café o ella la cuchara. Amelia sigue sintiendo que sus rodillas no pueden sostenerla y esa sensación fría le recorre el cuerpo cuando, a escondidas, ve las fotografías que Lalo le regaló cuando estaban en la prepa.
Lalo sufre porque Amelia no se atreve a estar con él, Amelia sufre porque siente que engaña a su esposo, Juan sufre porque quisiera que Amelia no fuera su mujer.

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