Judith ha estado enamorada de Pedro desde que lo conoció. Fueron compañeros en la escuela. Compartían varias clases. Pedro tenía tantas y tantas ocupaciones que nunca tenía tiempo suficiente para dedicarse a la escuela como hubiera querido. Judith además de enamorada sentía un instinto maternal tremendo que la llevaba a hacerse cargo de la vida escolar de Pedro. Al principio fue la vida escolar, después fueron otras cosas.
Le ayudaba con las tareas, le pasaba las respuestas de los exámenes, le avisaba sobre lo que harían en clase cuando él faltaba y los trabajos en equipo los hacía ella completitos, para que él quedara bien.
Él la veía como buena amiga, nada más.
Ella temblaba cada vez que él decía su nombre.
Comían, salían, tomaban, hablaban, se reían, bailaban. Un día Pedro estaba muy borracho. Judith se tomó una cerveza de un jalón y lo besó. Como si una cerveza diera el alcohol suficiente para justificarse. Al día siguiente él no recordaba nada. Ella no quiso mencionarlo.
Pedro se enfermó, ella fue a su casa a cuidarlo.
Pedro se hacía novias, tenía amiguitas, relaciones casuales, amantes y cosas extrañas.
Ella no tuvo nada en todo ese tiempo.
Todos los días hablaban. Todos sin excepción. Las nuevas tecnologías les ayudaban cuando uno salía de viaje. Pedro le decía a Judith que la extrañaba. Ella creía que él estaba enamorado de ella, aunque fuera muy en el fondo. Pedro la extrañaba porque no sabía cómo hacer las cosas él solo.
Pedro nunca estuvo enamorado de ella, pero todo el tiempo usó los sentimientos de Judith a su favor.
Cuando veía que ella se emocionaba con alguien más, la sola idea de perder a su fiel compañera le hacía rabiar. Y ahí era cuando soltaba mensajes diciéndole: "Te necesito", "te extraño", "me haces falta", "no sé qué haría sin tí", "me siento tan bien cuando estoy contigo", "a tí te cuento lo que a nadie más". Y un largo etcétera de frases podridas de dobles y triples mensajes.
Pedro juega con Judith. Judith lo sabe. Todo se va a acabar el día que Judith se atreva a decirle a Pedro que ha estado enamorada de él desde que lo conoció. Y que sabe que Pedro sabe. Pedro no tendrá manera de defenderse. No hay manera de justificar el haber jugado con los sentimientos amorosos de alguien más. Mucho menos si ese alguien más es tan devoto hacia la propia persona.
Mientras eso ocurre, Judith sigue llorando a escondidas por su impotencia. Y Pedro está en la cama con otra.

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