08 agosto 2010

Cuando perdí un diente

De repente, al poco tiempo de conocer a alguien, me sale siempre con esto: "Oye, ¿te puedo preguntar algo?". Y ya sé qué es lo que quieren preguntar, siempre es una de estas dos cosas:
"¿Tienes problemas de vista?/¿No te sirven los lentes?  Es que veo que cierras mucho los ojos."
Y ahí tengo que ponerme a explicarles que es un tic nervioso que tengo desde que iba a la primaria y que presento con más ganas cuando estoy frente a un grupo o frente a alguien que me pone de veras nerviosa. Y como estoy a cierre y cierre los ojos, piensan que ando queriendo enfocar como si fuera lente de cámara fotográfica.
La otra pregunta, un tanto incómoda es: "¿Cómo se te quebró el diente?"
Y entonces tengo que ponerme a relatar la siguiente historia (toda verdadera, por cierto):
Tenía yo 7 años y mi mamá me llevó al colegio en la tarde, mientras ella estaba en una junta, yo tenía que ver cómo me entretenía afuera del salón. Lo bueno fue que una compañera -no puedo recordar quién- estaba ahí conmigo.
Empezamos a jugar en la banca de la entrada del colegio. El juego consistía en caminar, una detrás de la otra, con las manos en la pared para apoyarnos, y seguir el camino hasta donde terminaba la banca.
El juego lo hicimos por mucho rato. Yo ya no quería jugar y ella insistío con que hiciéramos una última vez. Y ya ven, uno le vuelve a hallar el gusto a las cosas y se hace una última vez más, otras 2 últimas veces más, y así. En fin.
Y ahí va Wannita, con sus 7 años, su diente izquierdo -incisivo central superior... ¡ande!- a jugar en la banca. Va caminando, sosteniéndose con las manos, se acaba la banca, es difícil agarrarse con las manos... Y se agarra con el diente.
Y fue así, con un charcote de sangre, un intenso dolor en la boca y el miedo por no poder recuperar el diente perdido, que me quebré un pedazo de mi diente.
¡Chin, chin el que me lo vuelva a preguntar!

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