22 julio 2010

Tú me preguntaste

No fue fácil lograrlo, pero finalmente estábamos viendo una película. Tú, yo, ellos, todos.
Ya sabes, no nos quedó más remedio que verla acostados en el suelo, y tan apretados todos que tú y yo quedamos juntos, muy juntos.
La película terminó y comenzamos a ver otra. Yo estaba algo aburrida con la segunda, pero me gustaba estar ahí contigo. Siempre me ha gustado platicar contigo, a pesar de que muchas, las más de las veces, no estemos de acuerdo; y no importa lo que pienses, en serio, siempre me ha gustado platicar contigo.
Comencé a tocar tu cabello, tu cara. Me gustó acariciarte, no sé porqué lo empecé a hacer, pero me gustó.
Después de un rato de moverme de una y otra forma, el piso hizo que me empezara a doler la espalda, seguí moviéndome y quedé frente a tí. ¿A quién carajos le importaba la película en ese momento? A mí no.
Entonces te dije: Tienes que compensar por esto que estoy haciendo. Tú sabes, yo no me refería a la película, las paletas, la almohada que te presté -que siempre será mejor a la que tú tienes-.
Me contestaste: ¿Sí? ¿Cómo te lo puedo compensar?
Puse mi cara pensativa y te dije: ¿Qué ofreces?
Tú respondiste: ¿Un beso te parece bien?
No pensé que me lo fueras a ofrecer. Pero me gustó la idea. Te contesté: Está bien.
Y me lo diste.
Tampoco pensé que lo fueras a hacer. En serio, no.
Fue uno de los mejores primeros besos que me han dado.
Y no te quejes, tú me preguntaste cómo fue que terminamos besándonos.

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