26 julio 2010

Preocúpate

Cuando estuve en la prepa cometí el error de ser parte de la bolita de los "apestados". Éramos un grupo de amigos, que en ese entonces nos llevábamos bastante bien, demasiado, diría yo, pero que cada bolita de nuestros compañeros en la prepa sentían aversión por cada uno de nosotros en particular:
*A la rojilla la odiaban las fresitas, sólo con ver cómo se vestía.
*A la madrecita la odiaban las apretadas y las fresitas, nomás por su experiencia... y porque se volaba con los profes.
*A la política la odiaban los nerds, porque les llevaba buen camino ganado.
*A la leoncita la odiaban las vuvuzelas, porque aah cómo eran gritonas ellas y porque la leoncita le bajó el novio a una.
*A mí me odiaban las tablas, porque yo no andaba de hipócrita como ellas.
*Al gay lo odiaban todos los hombres.

Nos odiaban, nos criticaban, nos jodían, nos fregaban, nos escondían cosas, nos hacían menos, se burlaban de nosotros, nos hacían sufrir, de veras. Por mucho que me quise aguantar, fueron varios los días que exploté. Hasta que un día el gay me dijo: "No te preocupes ahorita que nos critican, preocúpate cuando no lo hagan".
Palabras totalmente sabias.
A partir de ahí tomé esa filosofía. Me han criticado mucho, pero de verdad mucho. Sé que soy un ente raro y que le he gustado como objeto de críticas a muchos: A mis compañeras de la universidad, a colegas, a alumnos que he tenido, a jefes que he tenido, a compañeros de trabajo, a compañeros de escuela, a vecinos, a viejas sangronas con las que me topo en la calle, a las tipas de las tiendas que me ven feo porque les digo "sólo entré a ver", a unas tantas en los bares porque entro de jeans y tenis, a gente en el facebook, al anónimo que nomás viene a criticarme (te adoro, ¡gracias por ser mi fan!)... a muchos. Siempre seré del grupo de las "apestadas" porque me gusta salirme de la norma. Siempre habrá a quien no le guste lo que hago, lo que digo, cómo me veo, cómo pienso, cómo escribo, cómo leo.
No es algo que yo tenga en particular, es un mecanismo de defensa, la proyección. Es mejor decir que el otro falla antes de vernos y decir que somos nosotros. Es más fácil decir que la otra persona es horrorosa, antes de admitir que los horrorosos somos nosotros. Se siente mejor decir que el otro está mal, antes de ver que estamos mal nosotros. Pero eso sí, si alguien nos elige para hacer sus proyecciones, sintámonos halagados. Ése o ésa están gastando su energía en nosotros.
Por eso, el día que no me pelen, ese día, debo preocuparme.
Yo por mi parte, dejaré de hablar de todos esos que de verdad, en serio, no merecen la pena. Que se preocupen, ya no tienen importancia para mí. Que ahora vayan y se hagan importancia con alguien más. Que otro sea el que haga en él o ella sus proyecciones, yo ya no. Tengo mejores cosas que hacer que preocuparme por otros.

                               Para "El alemán", por compartir paranoias conmigo.

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