13 julio 2010

Mr. M

No podría resumir lo que Mr. M ha significado para mí en una sola entrada. Así que leerán sobre él muy constantemente. Sí, además de escuchar mis dramas y sufrimientos, ahora leerán lo que escribo de él.

Es el galán que absolutamente nadie apoya que esté enamorada de.

Lo conocí por mero accidente, como deben conocerse los grandes amores. Aunque éste no sea uno. La verdad es que, en principio, no me interesaba nada de él, lo escuchaba hablar y yo mientras tanto pensaba en otras cosas.

Poco a poco se dieron las cosas, platicamos más, sin querer terminamos en citas, sin querer nos conocimos más y sin querer dejamos que hubiera besos, abrazos, entendimientos, bromas y acuerdos. Mr. M llegó a completar un vacío enorme que tenía. Creí que no existía un hombre como él y al encontrarlo me quedé absorta y total y plenamente enamorada.

Él fue desarrollando una amistad conmigo, mientras yo desarrollaba un amor platónico que a veces rallaba en la realidad.

No me importó que no pudiéramos vernos frecuentemente, ni sus costumbres odiosas, ni sus indecisiones, ni sus extraños vicios, ni sus terquedades, ni nada. Es el único que me gana cuando discutimos. Me hace sentir que aún me falta mucho camino por delante y que tengo que seguir. Me hace, o me hizo, sentir muchas cosas... Hasta que me rompió el corazón.

No olvido en dónde estaba sentada, qué estaba haciendo, cuando soltó las palabras: Estoy enamorado desde hace tiempo de ella. Y mientras ella le rompía el corazón a él, sin querer, y sin darse cuenta, rompía el mío también. Y ahí estoy, escuchándolo pacientemente, viéndolo, esperando que pase su trago amargo, acompañándolo. Ahí estoy yo, sonriéndole, recordándole que estoy a su lado. Él sigue hablando de ella hasta que siente satisfecha la necesidad de compartir su dolor. Y entonces, cuando me pregunta sobre mi estado emocional, le contesto: Nada, todo igual con "Mr. M".

Sabe que le llamo Mr. M, e incluso a llegado a preguntarme por "Mr. M" como si fuera cualquier chavo de mi cuadra. Lo sabe y no quiere asumir su responsabilidad. Me quiere ayudar, me da consejos, me apoya a "echarle ganas" con Mr. M. Como si no supiera que es él mismo. Lo noto en su sonrisa torcida cuando dice estas cosas. Noto cómo le tiemblan los labios y voltea a otro lado, con el miedo de que finalmente le diga: "Eres tú". Parece que no sabe que nunca se lo diré.
¿Para qué decir lo que todos saben?

Mr. M tiene el corazon atrofiado, lo fue perdiendo en sus borracheras amorosas. Mientras tanto, yo voy con el mío en la mano, buscando cómo repararlo. No voy a dejar que el mío se atrofie así. ¿Quién dijo que el corazón tenía que estar completo para funcionar? También en pedacitos sirve.

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