16 julio 2010

Lenticia

Nunca me ha gustado esperar ni hacer que me esperen. No es porque sean o no reglas de etiqueta, o un intento por hacerme la interesante.
Nunca, pero nunca, nunca me ha gustado esperar a quien me dijo que llegaba puntual a la cita y no lo hizo. Sé que es un mal de los mexicanos, y a veces hasta sabemos cuánto tenemos que esperar, según la ocasión:
Si la fiesta es a las 9:00 pm, hay que llegar a las 10:30 pm.
Si la reunion en el café es a las 7:00 pm, hay que llegar a las 7:30 pm.
Si la salida romántica es a las 8:00 pm, hay que llegar a las 8:10 pm y poniendo una cara de preocupación terrible, que el otro intentará borrar diciendo "no importa, no te esperé tanto tiempo, llegué antes porque estaba haciendo otras cosas, pero me entretuve viendo a los niños perseguir palomas; nomás fueron como 40 minutos". Cuando la verdad es que no llevaba más de 5 minutos ahí.
No me gusta esperar porque siento que juegan conmigo, que fue cotorreo lo de que nos tomaríamos un café juntos o que pasarían por mí para ir a algún lado. A veces, intentando evitar esperar a alguien, como Lenticia, en la calle, voy directamente a su casa. Ahí me hacen esperar mientras se arreglan, buscan llaves, van por el dinero, "nomás terminamos algo", siempre así.
Siempre ando a la espera y parece, no, no parece, realmente mi tiempo les importa un comino. Caray, yo también podía haberme quedado a dormir más rato, o podía haber hechho algo más que me entretuviera tanto como se entretienen en salir conmigo.
Yo sé que a todos se nos hace tarde, que muchas cosas pueden pasar o que a veces tenemos que depender de otro para que nos transporten. Pero yo hablo de los que se entretienen descaradamente, la gente lenticia, los que lo hacen y no les importa. Y por lo mismo que ya sabes que siempre lo hacen, llegas 10 ó 15 minutos tarde, porque de todas formas etás siendo menos impuntual que ellos.
Y llega el extrañísimo momento en que la gente lenticia llega temprano o está lista antes, y tú, acostumbrado a sus tardanzas, llegas 20 minutos después de la hora indicada, y entonces Lenticia te dice: "¡No seas tan impuntual!".
Ahora resulta que el impuntual es uno.
No me gusta esperar a nadie. Odio a la gente como Lenticia.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Visitas a la psicóloga