
San Salvador es el clásico personaje que se cree héroe y que toda mujer es una damisela en apuros a la que él muy atinadamente rescata. No entiende que la única persona que lo ve como héroe es él mismo. Aunque a veces también su mamá.
Su heroísmo abarca absolutamente todos los aspectos de la vida de su mujer. Desde una canción nueva para su ipod que él muy apresuradamente descarga, pasando por pagarle cuantas comidas, paletas y churrumaíz se le antojen, hasta ser el héroe con las amigas de su mujer también. Es que así ellas pueden ver el gran héroe que es él.
Nunca se autonombra héroe, ni lo presume. Lo acepta de manera humilde y cuando se le pregunta por qué es así contesta: Es que así me criaron. "Así me criaron, que tengo que pagarle todo a las mujeres", "desde chiquito me enseñaron que la mujer no tiene que cargar nada", "es que en mi casa éramos puros hombres y nos dijeron que fuéramos así con las mujeres".
Siempre es atento, siempre servicial, siempre derrochador y siempre busca hacer lo posible por agradar a la mujer que tiene en la mira, a la familia de ella y a los amigos de ella. Hace todo lo necesario para ser aprobado por todos.
Ahora vamos con la parte mala de San Salvador. Es un machista hasta lo más hondo de su ser. Ve a mujeres en apuros donde no las hay. Toda mujer es una damisela en peligro para él. Si paga algo a él se le cae una parte de hombre y a ella le aparece bigote. Si ella carga algo se le cae la matriz y a él le empieza a gustar usar tacones. No puede ver a una mujer como un ser autosuficiente. Mujer nunca será sinónimo de independencia, para él.
Por otra parte, además de machista es convenenciero. Al hacer tantos favores él espera recibirlos a cambio, y aunque al principio no lo hace, después los reclama, incluso de viva voz: "¿Por qué no puedes hacerme de comer lo que me gusta? Yo traje la comida la semana pasada."
Y además de convenenciero, es posesivo. Empieza a mandar en las acciones de su mujer. Para esto, su mujer puede ser su esposa, novia, amante o chava con la que empieza a salir. Incluso una que nomás le gusta. Él siempre hablará de ella como su vieja. Si ella saluda a alguien: "¿por qué lo saludaste?". Si ella compra algo: "¿por qué compraste eso?". Si ella hace cualquier cosa, él interrogará y proseguirá a decir: Te lo digo como sugerencia, no hagas esto, haz aquello, discúlpate, dile, ve, explícale. Toma como atribuciones cosas que ni el papá de su vieja controlaría. Y de hecho, como ya le hizo favores a los amigos y familiares de su vieja, ellos tratan de apoyar la idea de él. No porque estén de acuerdo, es que "qué pena con San Salvador, tan atento que ha sido".
San Salvador es un tarado. No sabe que de nada le sirve actuar con tanta bondad interesada. Cuando tiene una vieja que le obedece, le agradece y le rinde tributo, él se enfada de ella y la bota. Cuando cree que tiene una vieja que lo manda al traste al primer reclamo, insiste con la eterna bondad, a ver si un día cae. San Salvador no entiende, su ego bondadoso no se lo permite.